Miedo

Tristeza

Alegría

Ira

Asco

Miedo

Miedo

El miedo es una emoción básica que motiva conductas de protección, tanto para la supervivencia física como para la psicológica. En el primer caso, su objetivo principal es preservar la vida, por lo que se activa ante la percepción de un peligro para el organismo. Frente a cualquier amenaza, existen con cuatro tipos de respuestas diferentes; evitación, inmovilización, ataque y huida. El miedo es considerada una emoción primaria, porque no precisa de aprendizaje y se puede observar en los seres vivos desde el nacimiento, a través de sus reacciones de sobresalto ante determinados estímulos. La función psicológica de miedo, reside en evitar un daño personal que lesione la identidad y la autoestima, y señala la necesidad de poner un límite, tanto a los actos ajenos como a los propios. Hay dos tipos de personas, que no han conseguido mantener un buen diálogo con sus miedos, y tienden a utilizar siempre la misma estrategia de afrontamiento; la personalidad fóbica; que se queda paralizada, y la contra-fóbica, que se lanza sin pensar.

Tristeza

Tristeza

La tristeza es un sentimiento que coge todo el ser, provocando la caída del estado de ánimo, Y una sensación de pesar que se experimenta en el cuerpo, que se hace lento, y en la mente, que se llena de pensamientos oscuros. Las funciones de la tristeza son facilitar la introspección y el recogimiento, reduciendo los estímulos del ambiente, facilitando la retirada a instancias internas donde restaurar el ser, reduciendo la atención focalizada en el entorno para centrarla sobre uno mismo. La tristeza puede sobrevenir tras haber sufrido alguna pérdida personal (amor, trabajo, estatus, sueños…) en cuyo caso puede que forme parte de una de las fases del duelo por las que las personas atravesamos en estos casos. Quizás la tristeza esté provocada por la caída de un ideal, que manteníamos,  sobre otra persona, o incluso sobre nosotros mismos. La tristeza, en ocasiones, cursa con sentimientos de soledad, otras veces, tras una decepción, la tristeza nos transporta a un lugar de nuestro pasado donde las cosas iban mejor y se transforma en nostalgia.

Ira

Ira

La ira es una de las emociones consideradas primarias, debido a que su manifestación puede observarse en los seres humanos desde el mismo momento de su nacimiento, sin que haya existido un aprendizaje previo. La ira ha sido mal considerada y poco comprendida, de manera que algunos teóricos la han incluido en la categoría de “emociones negativas”, pero para entenderla es importante fijarse en las funciones que cumple. Surge cuando la persona se ha sentido lesionada en su autoestima. Es la emoción que nos anuncia la necesidad de poner un límite a la conducta irrespetuosa del otro que supone una falta ética. La ira supone un problema cuando lleva a la persona a realizar conductas inapropiadas y/o desproporcionadas. Tal vez no podemos elegir cómo nos sentimos, pero sí qué hacemos con los que sentimos. Existen personas muy pacíficas con una gran facilidad para enfadarse y otras, aparentemente tranquilas, que realizan conductas agresivas (verbales, gestuales, físicas) casi sin darse cuenta.

Alegría

Alegría

La alegría es una emoción de las denominadas positivas, por su capacidad para producir conductas de aproximación. Este sentimiento surge ante la idea de que todo esta bien, e invita a la celebración, al deseo de compartir con lo demás, estableciendo nexos de unión entre las personas para satisfacer las necesidades de afecto y pertenencia. Se ha relacionado la alegría con personas extrovertidas y se ha demostrado su efecto positivo en la facilitación para evocar recuerdos agradables e incrementar la flexibilidad mental y la creatividad. En su sentido más profundo, el sentimiento de felicidad surge ante la idea de estar de acuerdo con la vida que uno lleva y con la certeza de tener las capacidades suficientes para conquistan los sueños y resolver los problemas que surgen en el camino. En este caso, la alegría cursa con sentimientos de buena autoestina y fuerte identidad.

Asco

Asco

El Asco es considerado una emoción básica e innata (como el miedo o la ira) que aparece en el ser humano desde el momento de nacer, sin necesidad de aprendizaje. Su principal función es la de movilizar conductas de rechazo ante estímulos corrosivos, tanto para la salud física como para la psicológica. Es asco no sólo surge ante elementos que contiene sustancias nocivas y contaminantes para el organismo, también se despierta cuando algo amenaza el bienestar psicológico, entendido como la posibilidad de mantener una idea positiva sobre nosotros mismos. La sensación de repugnancia, por tanto, preserva los límites humanos y nos protege de sentir baja-autoestima. En el ámbito individual, sentimos rechazo por alguien cuando su conducta implica una falta de respeto y/o atenta contra nuestra dignidad. El asco es el guardián que mantiene fuera todo lo inaceptable, impidiendo la identificación con otro individuo, cuando sus actos trasgreden la ética. En el ámbito grupal, sentimos rechazo cuando ciertas personas atentan contra los valores compartidos, mediante actos que impiden la adquisición de un sano sentido de pertenencia. La corrupción política, por ejemplo, genera aversión a todo el sistema y produce repulsa e indignación, porque amenaza la idea valiosa que nos representa a todos. El ser humano se construye mediante los mecanismos de imitación e identificación y el asco impide que se incorporen al auto-concepto elementos que des-dignifiquen y dificulten la construcción de una sana identidad. Cuando observamos conductas inaceptables la emoción de asco se activa, para protegernos.

Un saludo,

María Sánchez